En el estrecho arcén de una autopista alemana que lo llevaba a Nuremberg, un turista español de cuatro ruedas sufría el riesgo y la incertidumbre de una avería humeante. Estaba al borde del agobio cuando otro vehículo paisano se paró al rescate. Superado el trauma, a los postres del almuerzo con vistas al castillo, el averiado se quedó a media intención de invitar a sus socorristas por la sentencia de su mujer al oído: "No tienes por qué invitarlos. Si se pararon fue porque vieron que éramos españoles y tenían ganas de hablar con alguien". Así se inventan cada día mil versiones de una recurrente teoría de la relatividad. No la de Einstein, claro. Esta otra no tiene más fórmula que negarse a analizar la realidad, amparándose en el interés. Nada es verdad ni mentira porque todo depende de la intención de quien lo patrocina. O dicho de otro modo, no hay mejor manera de eludir el qué de cualquier algo que atascarse en el porqué de su padrinazgo. (Perdón por tan prosaico tabique de ripios).
Sin duda, esta teoría de la relatividad está entre las más dañinas para el interés público, a juzgar por la aplicación diaria que hacen de ella los protagonistas del juego político. Si ése critica esto es porque le interesa aquello; si aquel cuestiona lo nuevo es porque le beneficia lo viejo, y así, de oca a oca, yo acuso porque- Con este código, el valor de cada hecho no depende de su mérito o consecuencia, sino del nido de su causa; la razón de cada crítica no está en sus argumentos, sino en sus intenciones- que siempre serán ocultas y taimadas. Ya sea por "evidente" estrategia electoral, "clara" venganza política, "supuesto" manejo económico o "sospechosa" componenda social. Así podemos descartar de oficio cualquier discrepancia, a juego con nuestra conveniencia. Adjudicar intenciones dañinas a cualquier contrario es tarea fácil para la imaginación de quien lo necesita- Si las cuentas publicas se discuten, será por persecución vengativa y oportunismo político; si la inmigracion incontrolada se aguanta es porque ya está bien de demagogias; si cuestionamos el empleo es porque algunos lo duermen (con enredos) o lo asfixian (sin dinero); si se denuncia el estado economico del patronato jesus nazareno , será porque buscamos favorecer a algún arrendatario; si el urbanismo se denuncia , será por la mala urbanidad de los denunciantes- Nunca falta un condicionante que relativice el análisis de lo condicionado y nos exima de la reflexión y autocrítica; de buscar la verdad entre el zarandeo de las coartadas. Es mejor escudarse en las hipótesis de las intenciones que atenerse a la contundencia de los hechos. Y como consecuencia, en las polémicas y debates, cada opinión no se traduce en la elección de un discurso, sino en la opción por un bando.
Pero llega un momento en que lo único que importa es la verdad última: Montoro. Es de obligado cumplimiento para instituciones, partidos y colectivos sociales analizar los problemas, sopesar los proyectos, medir las ambiciones únicamente por sus valores o defectos, sin entrar en las razones de sus defensores, en los intereses de sus críticos o en la irresponsabilidad de los indiferentes; sin rebuscar propósitos ocultos, poderes recónditos o intereses emparentados para hacer de cada causa un ovillo.
Si esta ciudad sigue cultivando --como, por otra parte, lo hacen todas-- esta interesada teoría de la relatividad, lo más relativo que tendremos por delante será el futuro.
Artículo en su 90% de Francisco Luis Córdoba.(director del Córdoba)
1. Se te olvidó decir que lo anteriormente expuesto, está copiado del periódico Córdoba, su autor Francisco Luis Córdoba.
2. Tiene usted razón, y le contestaré con palabras de su autor: ^no hay mejor manera de eludir el qué de cualquier algo que atascarse en el porqué de su padrinazgo^
3. Su penultimo parrafo lo suscribo de la a a la z, y me sirve de premisa para concluir que la culpable de tal teoria habria de caer en la falta de comunicación.
Ya se ha explicado, por activa y por pasiva, las nefastas consecuencias que trae la incomunicacion dialogante. No caeré en la reitaración.
4. Tiene usted razón, y le contestaré con palabras de su autor:^no hay mejor manera de eludir el qué de cualquier algo que atascarse en el porqué de su padrinazgo, es mejor escudarse en las hipótesis de las intenciones que atenerse a la contundencia de los hechos^
5. El plagio descubierto anula todo criterio de su autor.
Se conoce que afan de progresar le hace pasarse de la raya de la propia razón, en éste foro.
6. contertulios, el afan era compartir la reflexion de su autor con lo que aqui ocurre. lejos de la intencion de este mantenedor la de asumir plumas ajenas. (durante la modificación del articulo el compañero aprecio la correcion final) gracias.
*no hay mejor manera de eludir el qué de cualquier algo que atascarse en el porqué de su padrinazgo*
7. Amigo, cambie de seudonimo. Y otra vez sea más original. Por respeto de los que puedan leerle.
Buenas noches a todos.