Abandonando el barco, ante el previsible naufragio del buque "progresista" en Andalucía

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2010-02-17
Sin embargo, el PP aún estudia su petición de cambiar el rojo de la rosa por el azul de la gaviota. Este grupo de jóvenes –ninguno supera los 40 años– dicen que abandonan el PSOE "como consecuencia de la imposición de la militancia de Heredia en la agrupación de Campanillas; el bloqueo a la entrada de nuevos militantes; y el trato discriminatorio y antiestatutario hacia las personas con inquietudes políticas". Lo cuenta El Mundo.
La situación no es nueva pero es la primera vez que el agua llega al río y el vaso rebosa. En agosto del año pasado, cinco de los ocho miembros del comité ejecutivo de la Agrupación de Campanillas, a la que pertenece el secretario provincial, Miguel Ángel Heredia, dirigieron un escrito a la Comisión Ejecutiva Federal, Regional y Provincial del PSOE en el que denunciaban "la situación irregular por la que atraviesa el funcionamiento del comité de la agrupación, con una total falta de democracia interna y respeto a los militantes" y en especial contra los miembros 'díscolos' del comité local, según el documento que obra en poder de este periódico.
Por ejemplo, entonces se denunció que el secretario de la Agrupación, Alfredo Morillo, tenía "prohibida la entrada a la Casa del Pueblo de Campanillas, propiedad del PSOE-A, y que sin comunicación previa ni mediado acuerdo ha cambiado las cerraduras de entrada cuya llave antigua tenían todos los miembros del comité".
"Estas circunstancias impiden el libre acceso a las instalaciones de las que dispone el PSOE en Campanillas para hacer política, en un claro ejemplo de actitud dictatorial y contraria a los valores socialistas", decía el escrito.
Tampoco se convocaba "a los miembros del comité a las reuniones estatutariamente dispuestas y pasan los meses sin que se celebren comités locales" por lo que puntualizan que todas las decisiones que se toman quedan "en manos del secretario general– en alusión a Morillo– que evita rendir cuentas de la gestión y consultas a los miembros de su propio comité".
El secretario general del PSOE de Málaga, Heredia, bajo la presidencia de Bernardino León Gross, alto cargo de Zapatero, pertenece a esta Agrupación
El secretario provincial, Miguel Ángel Heredia, pertenece a esta agrupación donde desembarcó tras el escándalo que tuvo lugar en la Agrupación de Puerto de la Torre donde fue denunciado el hecho de que se recibían carnés del PSOE por correo, hasta cinco la misma persona, sin haberlo solicitado.
La explicación estaba en que para ganar las elecciones internas se estuvieron aumentando anormalmente las afiliaciones e inscripciones -casi 200 nuevas en un solo año -, apadrinadas por tres personas, una de ellas de la dirección de la agrupación.
Curiosamente, la agrupación de Puerto de la Torre era crítica con la dirección del PSOE de Málaga. Las nuevas afiliaciones habrían servido para ganar posiciones en el congreso provincial en el que, casualmente, Heredia resultó elegido secretario general y Bernardino León Gross presidente del PSOE de Málaga.
Heredia tras este escándalo se marchó con un pequeño porcentaje de militantes a la oficialista Agrupación de Campanillas donde parece que su figura no ha impedido el nuevo escándalo interno..
Tras la victoria de León Gross y el cambio de cerradura, en su escrito a la Comisión Ejecutiva Federal, los críticos denunciaron que la situación de la agrupación era "insostenible desde el punto de vista democrático" y requería "de la intervención de los órganos superiores del PSOE para el restablecimiento de la cordura y el funcionamiento acorde con los estatutos, la transparencia y los principios más básicos de la democracia".
¿Qué hará el PP?
El secretario provincial del PP, Francisco Salado, ha dicho que serán en definitiva los miembros del PP de Campanillas para adoptar esta decisión. Los catorce militantes socialistas justifican el bandazo político en que «tienen una ideología de centro, que casa con las políticas tanto populares como socialistas» porque afirman que «el principal ideal político que les mueve es el servicio al ciudadano y ofrecer soluciones a los problemas que les acucian, lo cual les sitúa en las antípodas de la política que actualmente desarrolla la oposición socialistas en Málaga».
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Miembros del PSOE apuntan a Felipe González y Alfonso Guerra como los 'cocineros' de una corriente decidida a desprestigiar al presidente. Otros atribuyen a José Bono la táctica disidente de Barreda.
La imagen del presidente ha caído en picado tal y como ha demostrado esta misma semana el barómetro del CIS. Zapatero ha dejado de ser el líder mejor valorado, pero el problema más acuciante al que se enfrenta ahora el jefe del Ejecutivo —dejando a un lado la economía—, está en su propia casa. Socialistas de máximo nivel admiten en privado que “ha perdido el rumbo”.
Zancadillas
“A Zapatero, el síndrome de La Moncloa le llegó a los dos años”, se jactó hace unas semanas el ex presidente Felipe González en una conversación revelada por LA GACETA. A lo que otro ex dirigente socialista añadía: “Es el síndrome al cuadrado, sólo se rodea de una camarilla de palmeros”. El análisis de ambos era demoledor, y denotaba la falta de credibilidad que el líder del PSOE tiene en su propia parroquia.
Además de González, otros socialistas del felipismo están poniendo todas las zancadillas posibles al presidente. Éstos son los mismos que miran con buenos ojos las informaciones que dan por válida la posibilidad de que Javier Solana —mister PESC, el hombre más respetado internacionalmente del socialismo español y eterno candidato a la secretaría general del partido— se convierta en el sucesor de Zapatero.
Aunque con escepticismo, porque la mayoría no confían en que sus deseos se hagan realidad, son numerosos los que ven en Solana la pieza clave que podría devolver al PSOE la confianza a los desencantados con el Gobierno.
Pero si de algo no hay ningún tipo de duda es de que la que finaliza hoy ha sido la semana negra del Gobierno, tal y como reconoció a Efe un responsable del Ejecutivo. La sucesión de fallos y rifirrafes de los últimos días han llevado al Gobierno a una situación límite.
Aunque desde Ferraz se sigue apelando a la tranquilidad, es evidente que el nerviosismo existe. Las duras críticas que los representantes de Izquierda Socialista realizaron en el Comité Federal del pasado sábado abrieron la primera hendidura; el miércoles, la incendiaria petición de José María Barreda clamando austeridad a un Gobierno herido supuso la primera cornada dolorosa; el jueves, las declaraciones de José Félix Tezanos, mano derecha de Alfonso Guerra, urgiendo a Zapatero a un Gobierno de salvación con el PP y la odiosa comparación argüida por Almunia terminó por fracturar el monolítico PSOE.
La crisis económica, el jubilazo y los graves errores de comunicación han sido las causas que han hecho saltar por los aires la supuesta unidad de la formación socialista, pero tras esos errores se esconde una clara estrategia liderada y fogonada en la cocina de la vieja guardia del felipismo. Según corroboran algunos dirigentes del partido, los “desheredados” de Zapatero se le están volviendo en contra. Y entre tantos desplazados, numerosos ex ministros a cuya valía profesional apelan otros socialistas para salir de la crisis.
Jordi Sevilla es uno de los que no ha dejado títere con cabeza en sus críticas a la gestión de Zapatero. En el Congreso, un equipo personificado en la mujer del presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, Clementina Díez, y algunos otros ex dirigentes arrinconados por el presidente ha aprovechado la ocasión para clavar algún cuchillo por la espalda a su líder. Aunque en voz alta no se atreven a contradecir al ‘jefe’, en privado argumentan que es necesario hacer una limpieza en el Ejecutivo, porque “el nivel de los ministros no alcanza, ni de lejos, al de los primeros gabinetes”.
Otro socialista apunta directamente a José Bono como el mentor de la táctica disidente de Barreda. Los que han levantado la voz están teledirigidos por los “verdaderos líderes” del felipismo, confiesa un miembro del Comité.
José Antonio Pérez Tapias, diputado y militante del sector Izquierda Socialista, habla incluso de diferencia de criterios entre José Blanco y Zapatero. Hasta el fiel escudero del presidente le ha visto las orejas al lobo y, entre solicitudes de silencio a Barreda y mensajes de prietas las filas, el ministro de Fomento está intentando serenar las aguas de un partido en caída libre en cuya base los pilares han comenzado a tambalearse y dejar al aire las vergüenzas de un presidente que consideran incapaz.